Nacido en Barcelona España, el 1 de junio de 1975, mi recuerdo más persistente es el de verme asomado a la ventana de mi clase en la escuela primaria. Mientras la profesora explicaba una lección, creo que estábamos recién aprendiendo la letra k, la k de kiosko, la k de kilo, yo oteaba el horizonte, completamente absorto en mis pensamientos. Mi vista se encontraba recorriendo el perfil perfecto de unas montañas que recortaban un cielo azul perfecto salpicado de nubes de algodón. Mi mente se encontraba trepando esa montaña y llegando a la cima solo para resolver aquella cuestión que tanto me intrigaba: Qúe había detrás de esas montañas?.
Cuando la profesora me regresó de decenas de kilómetros con un solo mencionar mi nombre, me di cuenta que me había perdido una parte importante de la lección. Concretamente como escribir la letra k minúscula. No sabía donde empezaba y donde tenía que acabar el trazo, y mucho menos como dibujar esa curva que sólo tiene la k minúscula y de la que carece la mayúscula.
Es en esa etapa formativa cuando el cerebro y la personakidad se desarrollan y determinan quienes seremos cada uno de nosotros como adultos.
Hasta el día de hoy no se escribir la k minúscula correctamente, debo hacer un esfuerzo consciente para aproximarme a mi ideal de k minúscula. También actualmente sigo soñando con lo que habrá detrás de esa montaña. Nunca han existido para mí ni existirán explicaciones satisfactorias que no provengan de la propia experiencia. Tampoco han existido montañas que no haya soñado con escalar y ver que hay tras ellas.
Con dieciseis años decidí coger una mochila, comprar un ticket de tren e inventarme unos cuantos amigos con los que diría a mis padres que iría a explorar unas montañas en la frontera con Francia. Si les contaba que pensaba irme sólo habría tenido más problemas de los que ya tuve simplemente por mencionar mi plan.
Nada ni nadie hubiese podido hacerme cambiar de opinión.
Nadie lo hizo tampoco.
Con esa misma premisa en el año 2002 decidí coger una mochila y ver que había más allá de ese océano milenario, enfrentar cara a cara tribus indígenas, bestias de dos cabezas, fuentes de eterna juventud, ciudades doradas.
Actualmente sigo soñando que habrá más allá del océano pacífico, con tribus mongoles, con guerras del opio y soles nacientes.
La gente suele decir que soy fotógrafo, realizador, director o director de fotografía. Yo simplemente pienso que esas son las cosas que me permiten seguir soñando y justificar un sueldo. También es porque no he tenido tiempo, aún, de ser chef, bombero o astronauta.

